¡Bienvenid@!... Este blog nace por amor a Jesús. La idea es reflexionar, desde la perspectiva de la fe y la revelación, en todas las circunstancias relacionadas con su nacimiento, vida y ministerio. El punto de partida será el pesebre. Aquel lugar donde de niños encontramos a "Dios con nosotros".


6.1.08

UN MENSAJE PARA EL AÑO NUEVO

“Le deseo un feliz año nuevo. Dejemos de lado para siempre toda desconfianza con respecto a Jesús. Comencemos una vida de confianza sencilla, semejante a la de un niño, que no se base en los sentimientos, sino en la fe.

No deshonre al Señor dudando de sus preciosas promesas. El quiere que creamos en Él con fe resuelta. Hay quienes dicen: “¡Creo, creo!” y desean recibir todas las promesas que se otorgan sobre la base de la obediencia. Mientras reclaman el cumplimiento de todas las promesas de Dios, no hacen las obras de Cristo. No se honra a Dios con esa fe, pues es falsa… Las promesas de Dios son para los que guardan sus Mandamientos y hacen las cosas que le agradan.

Tengo que librar cada día la buena batalla de la fe. Tengo que ejercer al máximo el poder de la fe y no confiar en los sentimientos, y obrar como si el Señor ya me hubiera escuchado, contestado y bendecido. La fe no es un revuelo de los sentimientos. Es simplemente aceptar la Palabra de Dios y creer, porque Él dijo que lo hará.

Espero que no se desanime por ningún motivo. Dios quiere que usted sea libre, que crea, que tenga confianza y que deje de dudar. Quiera Dios ayudarla.

Un nuevo año está ante nosotros. Sea este un año feliz. Refúgiese en los brazos de Jesús, y no se esfuerce por desprenderse de ellos. Crea en Dios, alábelo y siga adelante. Así llegaremos al hogar.

El Señor viene. Levante la vista y regocíjese, porque su redención está cerca. Veo en Jesús a un Redentor compasivo y amante, que puede salvar hasta lo sumo a los que acuden a Él. Deposite todo el peso de su ser en las promesas de Dios. Crea; tiene el privilegio de creer.”
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Autora
: Elena de White, extractos de su Carta 31, del 1º de enero de 1887, dirigida a la esposa de uno de los primeros pastores de la Iglesia Adventista del Séptimo Día enviado a Europa.

Fuente: Revista Adventista, Enero 2008, pág. 4, Asociación Casa Editora Sudamericana, Florida, Argentina.

25.12.07

EL NACIMIENTO ANUNCIADO, por Cristina Fornés

Cerradas las puertas,
lloran las tías...
José, los ojos al cielo.

-¡Señor!... Di, ¿Qué hago?
Tan frágil la niña
tan buena, tan pura
que me parecía...-

José, los ojos en llanto,
la palma extendida,
vencido de penas
apenas dormita...

-José, no temas
tomar a María
que el Cielo en su vientre
de niña, anida.
Custodia a mi Hijo.
Protege. Cobija."

...Y José despierta. ¡Comprende!
¿Comprende?
¡Tal vez comprendía!
Mas, sumiso, inclina
la frente y musita:
-Hágase en tu siervo
tu voluntad bendita.
....................................
¡Vestidos rasgados, cilicios, ceniza!
-¡Qué locura es esta!
-¡José, piensa... medita!

Pero José ha abierto
su oído al Cielo
y con su frágil,
su tierna María,
¡Marcha, marcha, marcha...
la cabeza erguida!

Los esposos llevan
en el alma henchida
la Promesa Santa,
la Carga Bendita:
Emanuel que llega,
Emanuel que anida
en el vientre niño
de María niña...

Belén los espera
y después la vida,
con todas sus cargas
y sus alegrías.

13.11.07

PESEBRE, colaboración de Silvia Pineda

El siguiente relato lo mandó mi amiga Silvia desde Guatemala. ¡Gracias Silvia! Disfrútenlo y saquen sus conclusiones:

“En 1994 dos americanos respondieron una invitación que les hiciera llegar el Departamento de Educación de Rusia, para enseñar moral y ética en las escuelas públicas, basada en principios bíblicos.
Debían enseñar en prisiones, negocios, el departamento de bomberos de la policía y en un gran orfanato. En el orfanato había casi 100 niños y niñas que habían sido abandonados, abusados y dejados en manos del Estado. De allí surgió esta historia relatada por los mismos visitantes:

Se acercaba la época de las fiestas de 1994, los niños del orfanato iban a escuchar por primera vez la historia tradicional de la Navidad. Les contamos acerca de María y José llegando a Belen, de como no encontraron lugar en las posadas, por lo que debieron ir a un establo, donde finalmente el niño Jesús nació y fue puesto en un pesebre.
A lo largo de la historia, los chicos y los empleados del orfanato no podían contener su asombro. Algunos estaban sentados al borde de la silla tratando de captar cada palabra. Una vez terminada la historia, les dimos a los chicos tres pequeños trozos de cartón para que hicieran un tosco pesebre. A cada chico se le dio un cuadradito de papel cortado de unas servilletas amarillas que yo había llevado conmigo. En la ciudad no se podía encontrar un solo pedazo de papel de colores.
Siguiendo las instrucciones, los chicos cortaron y doblaron el papel cuidadosamente colocando las tiras como paja. Unos pequeños cuadraditos de franela, cortados de un viejo camisón que una señora americana se olvidó al partir de Rusia, fueron usados para hacerle la manta al bebe. De un fieltro marrón que trajimos de los Estados Unidos, cortaron la figura de un bebe.

Mientras los huérfanos estaban atareados armando sus pesebres, yo caminaba entre ellos para ver si necesitaban alguna ayuda.
Todo fue bien hasta que llegué donde el pequeño Misha estaba sentado.
Parecía tener unos seis años y había terminado su trabajo. Cuando mire el pesebre quede sorprendido al no ver un solo niño dentro de el, sino dos.
Llame rápidamente al traductor para que le preguntara por que había dos bebes en el pesebre.
Misha cruzó sus brazos y observando la escena del pesebre comenzó a repetir la historia muy seriamente.
Por ser el relato de un niño que había escuchado la historia de Navidad una sola vez estaba muy bien, hasta que llegó la parte donde María pone al bebe en el pesebre. Allí Misha empezó a inventar su propio final para la historia, dijo:

Y cuando María dejó al bebe en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar para estar. Yo le dije que no tenía mamá ni papá y que no tenía un lugar para estar. Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con El.
Le dije que no podía, porque no tenía un regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús, por eso pensé que cosa tenía que pudiese darle a El como regalo; se me ocurrió que un buen regalo podría ser darle calor. Por eso le pregunté a Jesús: Si te doy calor, ¿ese sería un buen regalo para ti? Y Jesús me dijo. Si me das calor, ese sería el mejor regalo que jamás haya recibido Por eso me metí dentro del pesebre y Jesús me miró y me dijo que podía quedarme allí para siempre.

Cuando el pequeño Misha terminó su historia, sus ojitos brillaban llenos de lágrimas empapando sus mejillas; se tapo la cara, agacho la cabeza sobre la mesa y sus hombros comenzaron a sacudirse en un llanto profundo.
El pequeño huérfano había encontrado a alguien que jamás lo abandonaría ni abusaría de él. ¡Alguien que estaría con él para siempre!
Y yo aprendí que no son las cosas que tienes en tu vida lo que cuenta, sino a quienes tienes, lo que verdaderamente importa.

"Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro."
Salmo 91:4

4.10.07

EL CORDERO DE DIOS, por Cristina Fornés

Cuando Juan el Bautista lo ve acercarse a Jesús al río Jordán, proclama (Juan 1:29):

Aquí podríamos hacernos varias preguntas, por ejemplo: ¿Qué significa esto? ¿Por qué le dice “Cordero de Dios”? ¿Desde cuándo se usa esa simbología?...

Para aproximarnos al tema, nos tenemos que remontar al pasado. A los mismos orígenes-Génesis del asunto.

Veamos: Cuando Adán y Eva deciden creerle al enemigo, no atender la advertencia Divina y darle la espalda a su Creador, surge “EL PECADO” (la separación de DIOS).

El hombre y su mujer quedan irremediablemente condenados a desaparecer. No como castigo de parte de un dios desairado, sino como resultado de haber elegido independizarse de nuestro Padre Celestial, es decir, de la VIDA misma. Es entonces cuando Él sale a buscarlos y les anuncia la solución.

En Gén. 3:15 “el Señor deja de dirigirse a la serpiente literal que habló a Eva, para pronunciar juicio sobre el diablo, la serpiente antigua... expresado en lenguaje profético, siempre ha sido entendido por la iglesia cristiana como una predicción de la venida del Libertador....” *

El hombre, “de gobernante de este mundo se había convertido en esclavo de Satanás”. Sin embargo recibe consuelo:

En su infinito AMOR y misericordia, el Padre, había previsto y aceptado “el sacrificio voluntario del Hijo... (1 Ped. 1: 20; Efe. 3: 11; 2 Tim. 1: 9; Apoc. 13: 8)” para rescatarlo.

Entonces, “Dios instituyó el ritual de los sacrificios para proporcionar al hombre una ayuda visual, a fin de que pudiera comprender algo del precio que se debía pagar para expiar su pecado. El cordero inocente tenía que dar su sangre en lugar de la del hombre y su piel para cubrir” * su desnudez.

Así podría recordar siempre, por medio de los símbolos, al Hijo de Dios, que tendría que entregar su vida para expiar la transgresión y cuya justicia sería lo único suficiente para cubrirlo.
La demostración práctica no se hizo esperar: el mismo Señor los viste con pieles de animales (realiza los primeros sacrificios para cubrir a Adán y a Eva).
Es evidente que ellos transmitieron esa enseñanza a sus hijos.

En Génesis 4 encontramos a Caín y Abel llevando sus ofrendas a Jehová. Y aquí tenemos otro “Génesis”, el origen de la falsa adoración.

Es evidente que ya eran adultos, lo suficiente para haberse independizado del altar familiar y haber asumido las responsabilidades de su religión personal.

Ambos se acercan a DIOS, expresan su deseo de agradarle (al menos eso aparentan), ambos traen ofrenda.

Entonces, ¿por qué Jehová acepta una y no mira con agrado a la otra?

PORQUE LA OFRENDA, EN SI MISMA, NO TIENE NINGÚN MÉRITO, SINO EL MENSAJE QUE COMO SÍMBOLO EXPRESA.

¿Qué le dijo Abel a Jah con su ofrenda?
“¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, que quita mi pecado, que me restaura a la comunión contigo! ¡Acepto tu voluntad para mi vida! ¡Gracias, me entrego a ti por amor!”

¿Qué le dijo Caín a Jah con su ofrenda?
“Aquí están los frutos de mi sacrificio y trabajo. Como ves, soy lo suficientemente bueno y capaz. Yo no necesito ni salvador ni intercesor. ¿Arrepentirme?... ¿De qué?... Además, si vamos a tener algún tipo de relación, va a ser según mis términos, yo pongo las condiciones...”

Aquí tenemos, por un lado el hombre pecador, que invocando a Dios, se auto-entroniza. Que pretende decirle a DIOS (y después, de imponerle a su prójimo) cuál es la manera de resolver la ruptura en la relación, cuál es la manera de “adorar”. (Surge el sistema de la falsa adoración)

Por otro lado, el hombre pecador, que reconoce en el Señor los atributos de Creador y Soberano del Universo y, por lo tanto, acepta las condiciones establecidas por ÉL para resolver la ruptura en la relación. El hombre que avanza por fe en la promesa de redención y que al AMOR recibido, responde con amor, lealtad, gratitud y alabanza. (Confirma el sistema de la verdadera adoración)

Entonces Caín se llenará de odio hacia su hermano, le pondrá una trampa y lo asesinará. Pero esa es otra historia. Una historia que a lo largo de los siglos se ha repetido y se repetirá: los representantes de los falsos sistemas de adoración alzando sus manos, persiguiendo y asesinando a los que pretenden ser fieles al Señor.

Pero, como te dije, ese es otro tema. Hasta la próxima.
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* Fuente
Comentario bíblico adventista del séptimo día, Tomo 1- 1ª. ed.- Mountain View, California (EE.UU. de N. A.); Publicaciones Interamericanas, 1978

14.9.07

¿MESÍAS O CRISTO?, por Cristina Fornés

El término hebreo mâshîaj, “ungido”, (del verbo mâshaj, “ungir”), aparece 39 veces en el Antiguo Testamento y se aplica a los reyes de Israel como los ungidos de Jehová (1ª Samuel 24:6, 2ª Samuel 19:21 y otros), a Ciro, rey de Persia (Isaías 45:1) y al sumo sacerdote (Levítico 4:3,5). Pero, generalmente, cuando escuchamos la palabra “Mesías” la relacionamos con el esperado Rey y Libertador de Israel (Daniel 9:25,26).

En las profecías mesiánicas el término se aplicó a “el Mesías” que, como profeta (Deuteronomio 18:15), sacerdote (Zacarías 6:11-14) y rey (Isaías 9:6,7) era quien había sido designado como Redentor del mundo.

La palabra nos llega por una transliteración de la forma hebrea o del arameo meshîjâ, al griego Messías.

Si bien la palabra Messías es muy rara en el Nuevo Testamento, su forma traducida es muy frecuente. Encontramos que la versión de los LXX (la antigua traducción de las escrituras hebreas al griego), por lo general, traduce este término por Jristôs (del verbo “ungir”, de donde sale “ungido”). Así aparece centenares de veces en el Nuevo Testamento y se lo translitera como “Cristo” (Juan 1:41). Pero, en este caso, se omite el artículo definido (el) y “Cristo” pasa a ser un nombre propio, como lo usamos hoy.

Por lo tanto Jristós, “ungido”, en griego, es equivalente al Mâshîaj, “Mesías”, “ungido”, del hebreo.
Es el título oficial de Jesús de Nazaret y con él se lo designa como el Mesías o el prometido del Antiguo Testamento.

¿Quieres conocer a Jesús de Nazaret como el Cristo, el Mesías de Dios para tu salvación? ¡Que así sea!
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Fuente: Diccionario bíblico adventista del séptimo día- 1ª. ed.- Florida (Buenos Aires); Asociación Casa Editora Sudamericana, 1995.

7.9.07

¡LIBRE PARA OBEDECER! (Conclusión), por Cristina Fornés

Para la pregunta con que terminé las entradas anteriores, mi amigo Santiago Tena arriesgó una respuesta mediante otra pregunta:
“¿y quizá la libertad consiste en olvidar la ley porque el puro amor de que estemos llenos no nos haga necesario recordarla para respetar y hacer felices a los demás?”

Creo que tendríamos que sacarle los signos de interrogación y el “y quizá” para que dejara de ser una expresión interrogativa y dubitativa y se transformara en afirmativa y síntesis del tema.

En este punto creo que bien valen algunas reflexiones o aclaraciones desde la perspectiva bíblica:
¿De quiénes estamos hablando? De nosotros, los seres humanos.
¿Quiénes somos? Seres creados por Dios a su imagen y semejanza (Génesis 1:26-27). Quienes en el ejercicio de su libre albedrío, optaron por darle la espalda a su Creador, no escuchar su voz y creer las afirmaciones del Enemigo (Génesis 3:1-6). Es esta decisión la que acarrió vergüenza, temor y las primeras expresiones de resentimiento y egoísmo, el contacto y el conocimiento del mal (Génesis 3:7-13) y al fin la muerte.

¿Por qué? PORQUE COMO SERES CREADOS NO TENEMOS NI VIDA NI AMOR INNERENTES EN NOSOTROS MISMOS.
Sólo Dios tiene vida en sí mismo (S. Juan 5:26). Nosotros podemos decir con total seguridad: “El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida” (Job.33:4). Pero si le doy la espalda, me independizo de Él, ¿a dónde voy a parar?

¿Cómo reaccionó Dios frente al abandono de sus hijos? Tomó la iniciativa y salió a buscarlos (Génesis 3:9), les anunció su plan de redención (Génesis 3:15) y nos demostró su infinito amor entregándose a si mismo, para que todo aquel que quiera regresar al hogar, a la íntima comunión con Él, pueda hacerlo (S. Juan 3:16).

Porque, sólo “Dios es Amor“ (1º S. Juan 4:8). Nosotros somos egoísmo.
Nosotros aprendemos a amar... ¡Y cuánto nos cuesta!... A tal punto el Amor es un principio ajeno a nuestra condición de seres separados de Dios, que Él debe ordenarnos, una y otra vez, AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS.

¿Y la libertad?: ¡La hemos perdido! La Escritura es bien clara. “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para vida?” (Romanos 6:16)

¡Si, ya sé! Las palabras “pecado” y “obediencia” te suenan arcaicas, te producen una reacción alérgica... Pero, ¿acaso no está la raza humana sometida a esclavitud por el odio, el resentimiento, la maldad, la culpa, la corrupción en todos los órdenes y maneras? ¿Y qué es eso sino la esclavitud del pecado?
¿Entiendes el concepto? Búscale sinónimos, si prefieres.

En otras palabras, hemos sembrado separación, negación aun de la existencia de Dios, de su identidad como Persona espiritual, interesada en nuestra felicidad y bienestar. Elegimos creer que es un invento humano, un ”ente” o muleta emocional creada por seres débiles o subdesarrollados... Y la cosecha segura ha sido dolor, sufrimiento, engaño y muerte.

Pero el mismo texto de Romanos nos da la salida: ¡SOMETERNOS A LA OBEDIENCIA PARA VIDA!

Santiago 4:7-10 reafirma: “Someteos, pues a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros... Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros... Humillaos delante del Señor, y Él os exaltará.”

¿Qué es lo que debemos obedecer? Ya lo dijo Jesús: “SI ME AMÁIS, GUARDAD MIS MANDAMIENTOS.” (S. Juan 14:15)

Pablo nos lo explica en Romanos 13:7-14. En resumen dice:
“No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.
Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.”

Santiago 2:8,12 también trata el tema: “Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis.”
“Así hablad y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad.”

Y esto, sólo por poner unos pocos ejemplos.

En conclusión: La libertad consiste en vivir la ley, porque el puro amor de que nos ha llenado el Espíritu Dios, con la entrega de Cristo en la cruz del Calvario, no nos hace necesario recordarla para respetar y hacer felices a los demás. El amor nos reconcilia con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos.

Por lo tanto, la obediencia a Dios y sus mandamientos, son para ti y para mí las dos caras de la misma llave: el AMOR, que nos abre la puerta a la libertad y la vida plenas.

29.8.07

¡LIBRE PARA VIVIR! (Continuación), por Cristina Fornés

El título de esta serie de entradas ha sufrido un ligero cambio. Quité la palabra “USAR” y escribí “VIVIR”. Porque hoy quiero conversar contigo de la vida, las nuestras, y pienso que la vida no se “usa”, la vida se vive.

Claro que hay un pequeño detalle previo que debemos considerar. (Mi mamá me decía que todo depende del color del cristal con que se mire).

Bueno, si tú, al mirarte a ti mismo como ser humano, ves un mono evolucionado... Ese es tu cristal.

Tal vez te veas como la cuarta reencarnación de vaya yo a saber qué fulano... Ese es tu cristal.

Puede ser que al observarte sólo veas un complejo trozo de materia, consciente de si misma, suspendida entre dos vacíos insondables... y ese sea tu cristal.

En fin, que lo que pensamos de la vida y el cómo la vivimos, depende de nuestra antropología. Es decir, todo depende del concepto de “hombre” que tengamos (o “ser humano” ¡para que nadie empiece con cuestiones de sexo!).

Es decir que en algún momento de nuestras vidas, decidimos creer “esto” y desechar “aquello”.

Por eso, nunca podrías entender lo que quiero decirte si, en primer lugar, no te explico cual es “mi cristal”, la concepción antropológica desde dónde estoy mirando la vida.

Yo creo y sé que fuimos creados por Dios, según un plan perfectamente coordinado y preestablecido, a su imagen y semejanza. Con un propósito excelso:

Poblar este mundo de seres inteligentes, que en forma libre y voluntaria, decidieran mantener una relación basada en el amor con su Creador, reconociéndolo como Padre y Soberano de sus vidas y del Universo.

En la próxima entrada voy a tratar de explicarte por qué creo que Jesús, que nos garantiza la libertad total, al mismo tiempo nos dice:
“SI ME AMÁIS, GUARDAD MIS MANDAMIENTOS.” (S. Juan 14:15)

Y cómo pueden la LIBERTAD y el AMOR caminar juntos con los MANDAMIENTOS y la OBEDIENCIA.

¡Hasta la próxima!